Feminismo Transexual
Luego de la discusión en nuestro muro de Facebook presentamos la versión revisada del artículo de Julia Serano, “Feminismo Transexual: No hay ningún Acertijo,”, publicado originalmente el 18 de abril de 2012 en la revista Ms Magazine. Traducción de Akntiendz Chik. Gracias a Ainara Ruiz por compartir el enlace al original en inglés.
Aviva Dove-Viebahn en una reciente nota publicada en el blog de la revista Ms. titulada, “El Transfeminismo y sus Enigmas”, (Transfeminism and Its Conundrums ) enmarcó el feminismo trans * como un polémico y discutible submovimiento que se está dando dentro del feminismo. De mi parte, estoy completamente en desacuerdo con esa posición, al igual que lo estuvieron un número considerable de las comentaristas, y he aquí por qué:
El feminismo transexual -es decir, las perspectivas transexuales sobre el feminismo o las perspectivas feministas sobre los temas transexuales- es uno de los muchos feminismos considerados “de tercera ola.” Sus orígenes se encuentran estrechamente vinculados con otros submovimientos feministas, específicamente, el feminismo sexo-positivo, el feminismo postmoderno /postestructuralista, la teoría queer y la interseccionalidad. Estas tendencias del feminismo representan un alejamiento de la posición que consistía en ver el sexismo de forma simplista, como una forma unilateral de opresión, donde los hombres son los opresores y las mujeres son las oprimidas, fin de la historia.
En cambio, estos nuevos feminismos reconocen que existen numerosas formas de sexismo -es decir, numerosos dobles raseros en función del sexo de una persona, su género o su sexualidad. Además del sexismo tradicional (donde los hombres son vistos como más legítimos que las mujeres,) existe el heterosexismo (donde las personas heterosexuales son vistas como más legítimas que las homosexuales,) el monosexismo (donde las personas que se sienten atraídas exclusivamente ya sea por alguien de su mismo sexo o birn por alguien del sexo opuesto, son vistas como más legítimas que las personas bisexuales o pansexuales,) el masculino-centrismo (donde la expresión de género masculina es vista como más legítima que la expresión de género femenina) y así sucesivamente.
También existen otras formas de marginación que son frecuentes en nuestra sociedad, como el racismo, el clasismo y la discriminación por discapacidad. Tal y como las feministas de color lo han articulado, éstas discriminaciones no actúan independientemente la una de la otra, sino mas bien se entrecruzan y se exacerban de forma recíproca. Una mujer de color no se enfrenta el racismo y al sexismo por separado; el sexismo al que se enfrenta a menudo tiene connotaciones raciales y el racismo con el que tiene que lidiar es con frecuencia un racismo sexualizado. Este concepto de interseccionalidad cuenta con la aceptación de muchas feministas contemporáneas (aunque no de parte de aquellas que siguen aferradas a una aproximación al feminismo bajo un enfoque unilateral del tipo, “los hombres oprimen a las mujeres, fin de la discusión.”)
El feminismo transexual tiene sus raíces en la idea de que hay múltiples formas de sexismo que a menudo se intersectan entre sí, conectando además con otros tipos de opresión.
Aunque históricamente algunas feministas han enmarcado el sexismo únicamente en términos del patriarcado, las primeras feministas transexuales ya habían hecho visible la realidad del binario de género -el ser asignadas de forma no consensual al sexo femenino o al masculino al nacer- como una forma de describir las múltiples formas en que el sexismo puede llegar a darse en nuestra sociedad. De aquellas personas a quienes les es asignado un sexo masculino se espera que crezcan para ser hombres, que sean masculinos en la forma de expresar su género y que se sientan atraídos por las mujeres; de aquellas personas a quienes les es asignado un sexo femenino se espera que crezcan para ser mujeres, que sean femeninas en su expresión de género y que se sientan exclusivamente atraídas por los hombres.
Cualquier persona que no cumple con el binario de género -ya sea un niño intersexual, una niña marimacho, un hombre gay, una persona transexual, etc- es marginada por la sociedad, aunque de diferentes maneras. El concepto de binario de género fue un intento de crear una síntesis entre el feminismo y el activismo queer y transexual, y se ha vuelto bastante popular entre las feministas y los activistas LGBTQ desde su creación.
Las feministas transexuales también se han centrado en estudiar cómo las personas transexuales se ven afectadas por el cisexismo institucionalizado -una forma de sexismo que interpreta las identidades y expresiones de género de las personas transexuales como menos legítimas que las de las personas cisexuales (aquellas que no son transexuales.) El cisexismo -o como algunos prefieren describirlo, la transfobia, nos permite hacer visible cómo los individuos, las organizaciones y los gobiernos con frecuencia se niegan a respetar las experiencias que las personas transexuales vivimos en nuestros propios cuerpos de acuerdo al género/sexo que sentimos y reconocemos como propio; a la discriminación que enfrentamos en el trabajo o en la atención médica; y cómo las personas transexuales a menudo son objeto de hostigamiento y violencia.
Mientras que algunos ejemplos del cisexismo son bastante específicos en cuanto su aplicación a las personas transexuales, otros tienen fuertes paralelos con lo que las mujeres en general enfrentan en una sociedad centrada en el hombre. Por ejemplo, las personas transexuales y las mujeres en general somos rutinariamente tratadas como objetos y consideradas incompetentes a la hora de tomar decisiones informadas sobre nuestros propios cuerpos, y nuestros puntos de vista y experiencias de vida a menudo no son tomados en serio ya sea por las personas cisexuales o por los hombres, respectivamente.
Por supuesto, el cisexismo no ocurre dentro de una burbuja. Se produce en un mundo donde otras formas de sexismo y opresión ya existen. Por ejemplo, las feministas transexuales, como yo, hemos articulado el concepto de trans-misoginia, es decir, la manera en que el cisexismo y la misoginia se entrecruzan en la vida de las mujeres transexuales y de otras en el lado trans femenino del espectro. La trans-misoginia explica por qué el mayor peso de la consternación que la sociedad dice sentir, así como la demonización y la sexualización que se hace de las personas transexuales, se concentra en las mujeres transexuales y en las personas trans que son femeninas. El cisexismo también se cruza con otras formas de marginación, por ejemplo, las víctimas de la violencia transfóbica son mayoritariamente las personas transexuales que son pobres, que son de color y/o que se encuentran en el lado del espectro trans como mujeres o personas femeninas.
Así que, básicamente, eso es todo: el feminismo transexual no es ningún acertijo. Más bien, es simplemente uno de muchos feminismos de tercera ola que adoptan un enfoque de interseccionalidad para desafiar el sexismo y la opresión. Lo único que tiene de diferente el feminismo transexual es que amplía el análisis feminista para incluir los temas transexuales, los cuales han sido reiteradamente ignorados o malinterpretados por las feministas en el pasado.
El post de Dove-Viebahn le da crédito a las feministas que se niegan a reconocer el cisexismo o la interseccionalidad, y que prefieren enmarcar los temas trans exclusivamente en términos del privilegio masculino. En el pasado, las feministas han rechazado el feminismo transexual, representando a los hombres transexuales como si fueran “mujeres” traidoras a su género que realizan la transición para alcanzar el privilegio masculino y retratando a las mujeres transexuales como hombres privilegiados que llevan a cabo la transición con el fin de infiltrarse en los espacios de mujeres. Si bien esta retórica se ha suavizado un poco en los últimos años, algunas feministas siguen sosteniendo que las mujeres transexuales no tienen derecho a participar en el feminismo porque no fuimos socializadas como mujeres, o bien porque de alguna manera nos beneficiamos de los privilegios masculinos en el pasado.
Por supuesto, el privilegio masculino es un fenómeno real. En mi libro Whipping Girl (La Chica del Látigo,) allí discuto en detalle mi propia experiencia con el privilegio masculino -y lo que significa perderlo en la vida post-transición. Sin embargo, las experiencias de las personas transexuales con el privilegio masculino varían mucho dependiendo de la dirección de la transición de género o de qué tanto ésto sea visto como una transgresión, de la edad en que uno realiza la transición (durante la infancia, como adolescente, o en determinados puntos de la edad adulta, de la propia orientación sexual, de si uni “pasa” o no como cisexual, de los asuntos raciales que tenga que enfrentar, y así sucesivamente. Es imposible hablar con exactitud de lo que significa el privilegio masculino, o para el caso de cualquier otro aspecto del sexismo, sin enmarcarlo en términos de la interseccionalidad.
El mito de que existe algún tipo de experiencia universal para todas las mujeres fue desmentido por las mujeres de color, entre otras, hace ya bastante tiempo. Todas mosotras tenemos diferentes historias de vida, el sexismo afecta cada una de nuestras vidas de forma un tanto diferente y cada una de nosotras tiene privilegios en algunos aspectos y de su vida pero no en otros. Algunas feministas pueden obstinadamente insistir en que las mujeres cisexuales la llevan peor que las mujeres transexuales, o que el sexismo tradicional es mucho peor que el cisexismo, o que el heterosexismo, pero el punto del feminismo no es participar en una especie de Juegos Olímpicos de la Opresión, por el contrario, el punto es desafiar el sexismo social y otras formas de marginación. Más bien, el punto es desafiar las nociones del sexismo de la sociedad así como otras formas de marginación. Y esto es lo que las feministas transexuales nos esforzamos por conseguir.
Cuando el feminismo transexual se ve reducido a un debate acerca de si las mujeres transexuales “contamos” o no como mujeres o como feministas, esto es un flaco favor no sólo para nosotras sino para el feminismo en su conjunto.
* Muchas feministas transexuales prefieren el término “feminismo transexual” utilizando dos palabras separadas donde transexual es un adjetivo que modifica al nombre feminismo. La versión de una sola palabra -”transfeminismo”- parece un poco extraña y sugiere que no se trata realmente de una vertiente del feminismo, sino de algo completamente distinto (al igual que el empleo de la palabra “transexuales” o “trans” a secas, sugiere que las mujeres trans no son mujeres, sino mas bien algo distinto a las mujeres.) Siguiendo la misma línea, no se dice “catolimujeres” para referirse a las mujeres católicas ni “lesbimujeres” para decir mujeres lesbianas.










